The following poems, and their translations by the author, can be found in the forthcoming book, The Lyrical Mandate: An Anthology of Venezuelan Poetry of the Twentieth Century (University of Michigan Press, 2017).

“Jewish Cemetery (Prague) (fragment)” 
by Ida Gramcko

Order suffers, what is racked with pain ends,
everything is in white, in maidenhood, suspended,
everything is like a bird in gestation, its wings
not yet surrendered to the drunkenness of wind.
Around the virginal impatience awaiting
a bed has been growing
born from residue working
with shreds of ambit and body.
Threatened manifest destiny,
arrow shot from remains.
The self, in vertical fall, points
to a new path amidst its straight bit.
The shadow of a face arrives with dawn
like an untouched and open face.

The new cradle is discovered tombstone
rocking a maternal lullaby, terrain,
primal, subterranean maternity
laboring its fruit in the boiling of bones,
a cautious, tutelary mother deceiving
while covering the garden with a desert
of individual life that later rescues
from man his sepulcher, his spectrum.
Deep mother that changes names
and touches a hair provider,
and says rain when it spots a tear
and calls rose what was a brain.
When I say: lack,
she pronounces: heritage.
If a man kisses vanishing faces,
in kissing he finds the personal, the dead,
but she evades faces like masks
getting ready for the eternal kiss,
the one linking clot and sap
in primitive and warm concert.

Cementerio judío (Praga) (fragmento)

El orden sufre, lo transido acaba,
todo está en blanco, en doncellez, suspenso,
todo está en ave en formación, en ala
aún no rendida a la embriaguez del viento.
A la impaciencia virginal que aguarda
le va creciendo en derredor un lecho
nacido entre residuos que trabajan
con trizaduras de ámbito y de cuerpo.
Destino manifiesto en amenaza,
flecha que se dispara desde un resto.
El yo, en caída vertical, señala
un nuevo rumbo entre su añico recto.
La sombra de una faz entra en el alba
como en un rostro sin tocar y abierto.

La nueva cuna se descubre en lápida
que mece un canto maternal, terreno.
maternidad primera y subterránea
labrando el fruto en el hervor del hueso,
madre cautiva y tutelar que engaña
cubriéndose el jardín con un desierto
de vida individual que luego salva
del hombre, del sepulcro y del espectro.
Madre profunda que los nombres cambia
y toca un surtidor en un cabello,
y dice lluvia cuando ve una lágrima
y llama rosa a lo que fue un cerebro.
Cuando yo digo: falta,
ella pronuncia: acervo.
Si un hombre besa rostros que se apagan,
besando está lo personal, lo muerto,
pero ella esquiva rostros como máscaras
y se dispone al infinito beso,
aquel que liga el coágulo y la savia
en primitivo y cálido concierto.

***

“Poetics”
by Jacqueline Goldberg

Suddenly the poet’s mouth is overwhelmed by larvae,
such is the lightness.

One must extract them one by one
for the poem to return to its cause,
for the maelstrom of wounds to acquiesce.

The stabbed shrieks have been too many,
and also the persistence of funeral rites.

The forehead kisses the ground.
Happiness is no longer a daily affiliation.

Once the last fortune is rooted out,
the poem will need to be cut to size,
like teeth, in voracious trance.

The poem will grow from its own forgiveness,
offering cruxes, efforts, voyages. Leveled by a certain slavery.

And pain?
Will it need to be recovered so that a book can grow within the book?
For the gash of a future tear?

To write, once more, is to exist in gloom, in preterit,
abundant to the end.

“Poética”
De pronto la boca del poeta se cuaja de larvas.
Tanta es su levedad.

Hay que extraerlas una a una,
para que el poema revierta su cauce,
para la vorágine de las calmas heridas.

Han sido muchos los gritos acuclillados,
la índole curva de las exequias.

La frente queda en tierra.
La felicidad es una filiación no tan diurna.

Al enraizar el último fortunio,
habrá que talar el poema que obligue,
como diente, trance voraz.

El poema crecerá en su propio perdón.
Dirá cruces, empeños, viajes. A ras de cierta esclavitud.

¿Y el dolor?
¿Habrá que recuperarlo para que el libro crezca en el libro?
¿Para los tajos de la futura lágrima?

Volver a escribir es ser triste y pretérito,
abundante hasta el fin.

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